Lesión unilateral
Parálisis de la mirada hacia arriba: El hallazgo más frecuente.
Alteración sensorial: El infarto talámico lateral puede presentarse con alteración sensorial pura.
Las manifestaciones neurooftalmológicas de la enfermedad talámica (Neuro-Ophthalmic Manifestations of Thalamic Disease) son un conjunto de trastornos oculomotores, anomalías pupilares y palpebrales causadas por lesiones talámicas. El tálamo es un relevo principal que conecta la corteza y el tronco encefálico, y participa en las vías vestibulares, los campos oculares frontales y la corteza parietal posterior. El daño en esta área se presenta más comúnmente como parálisis vertical de la mirada, pero también puede incluir desviación oblicua, trastornos de convergencia, parálisis del nervio oculomotor, nistagmo, trastornos sacádicos y anomalías del seguimiento ocular.
En 1973, el neurólogo francés Gerard Percheron reportó por primera vez casos que presentaban un patrón único de infarto talámico bilateral1). Desde entonces, solo se han reportado unos pocos cientos de casos en la literatura, y se reconoce como una enfermedad rara pero clínicamente importante.
La arteria de Percheron es una variante anatómica en la que una sola rama perforante se origina del segmento P1 de la arteria cerebral posterior y suministra ambos tálamos y el mesencéfalo rostral. Normalmente, ramas perforantes independientes de cada P1 irrigan un lado cada una, pero en la arteria de Percheron, un solo vaso irriga ambos lados, por lo que su oclusión produce un infarto talámico bilateral. Se reporta que está presente en el 11.7–33% de la población5).
Los siguientes cuatro hallazgos se han reportado como signos agudos principales del infarto de la arteria de Percheron5).
| Hallazgo | Frecuencia |
|---|---|
| Parálisis de la mirada vertical | 65% |
| Alteración de la memoria | 58% |
| Confusión | 53% |
| Coma | 42% |
Lesión unilateral
Parálisis de la mirada hacia arriba: El hallazgo más frecuente.
Alteración sensorial: El infarto talámico lateral puede presentarse con alteración sensorial pura.
Lesiones bilaterales
Parálisis de la mirada vertical: Puede ocurrir parálisis hacia arriba, hacia abajo o combinada.
Anomalía de convergencia: Insuficiencia de convergencia o espasmo de convergencia.
Oftalmoplejía internuclear bilateral (OIN): Aparece en casos con extensión al mesencéfalo.
Parálisis del nervio oculomotor: Acompañada de anomalías pupilares y ptosis durante la progresión del tronco encefálico.
| Ubicación de la lesión | Déficit oftalmológico |
|---|---|
| Región paramediana | Insuficiencia de convergencia |
| Núcleo dorsomedial | Pérdida de la actividad sacádica |
| Región periventricular laminar | Pérdida de los movimientos oculares de persecución |
| Región caudal | Seudo-parálisis del nervio abducens (estrabismo convergente talámico) |
| Región inferolateral | Sacadas hipermétricas |
| Región posterolateral | Síndrome de Horner ipsilateral |
| Región dorsal | Diplopía horizontal o vertical |
Los centros de la mirada vertical del tronco encefálico son el núcleo intersticial rostral del fascículo longitudinal medial (riMLF) y el núcleo intersticial de Cajal (INC), ubicados en la región pretectal del mesencéfalo. La parálisis de la mirada vertical ocurre con lesiones talámicas o del mesencéfalo, siendo más común la parálisis de la mirada hacia arriba. La parálisis aislada de la mirada hacia abajo es rara, pero en la parálisis supranuclear progresiva, la parálisis de la mirada hacia abajo suele aparecer tempranamente.
Con lesiones cerca del acueducto cerebral en la región pretectal aparecen los siguientes síntomas.
Las causas incluyen hidrocefalia obstructiva no comunicante en niños, tumores (típicamente pinealoma) en jóvenes y lesiones vasculares en adultos.
El estrabismo vertical debido a una anomalía en la entrada supranuclear a las neuronas motoras oculares se denomina desviación oblicua. Ocurre en lesiones del sistema otolítico desde el laberinto periférico hasta el tronco encefálico inferior y el mesencéfalo. Se diferencia por la dirección de la intorsión del ojo en elevación: la desviación oblicua presenta intorsión, mientras que la parálisis del oblicuo superior presenta extorsión. Las lesiones unilaterales del núcleo intersticial de Cajal (INC) provocan una reacción de inclinación oculocefálica (OTR) hacia el lado contralateral.
La pupila tectal ocurre debido a una lesión en la vía del reflejo pupilar a la luz en el área pretectal o la comisura posterior por lesiones dorsales del mesencéfalo. El reflejo luminoso está ausente y el tamaño pupilar inicialmente permanece sin cambios, pero gradualmente se dilata moderadamente de forma bilateral. La vía del reflejo de cerca discurre más ventralmente que la vía del reflejo luminoso y se ve menos afectada, resultando en una disociación luz-cerca.
La alucinosis peduncular (peduncular hallucinosis) es una alucinación visual vívida y colorida que ocurre después de un infarto talámico o mesencefálico, y puede incluir imágenes distorsionadas de animales o personas. En la mayoría de los casos, se resuelve espontáneamente en 3 días sin intervención farmacológica3). Sospeche esto cuando aparezcan nuevas alucinaciones en un paciente con accidente cerebrovascular sin antecedentes de enfermedad psiquiátrica.
La causa más común de lesiones talámicas agudas son los trastornos vasculares hemorrágicos o isquémicos. Otras causas reportadas incluyen:
Las enfermedades que causan lesiones talámicas bilaterales incluyen no solo el infarto de la arteria de Percheron, sino también las siguientes a diferenciar 7).
El diagnóstico de las lesiones talámicas agudas se basa principalmente en estudios de imagen.
| Método de exploración | Características | Usos principales |
|---|---|---|
| TC simple | Diferencia hemorragia/isquemia. A menudo normal en la primera exploración | Cribado en fase aguda |
| MRI DWI | Mayor sensibilidad y especificidad | Diagnóstico definitivo de infarto agudo |
| Angiografía por resonancia magnética (ARM) | Permite visualizar la arteria de Percheron | Evaluación de lesiones vasculares |
En el infarto talámico agudo, la TC inicial suele ser normal. Múltiples informes muestran que no se observan hallazgos en la TC inicial, y el infarto se confirma solo en la TC o RM varios días después1)2)4). En el caso de Satei et al., el infarto talámico bilateral finalmente se visualizó en la tercera TC5).
La imagen ponderada por difusión (DWI) es el método más excelente para detectar isquemia talámica aguda1). Las imágenes FLAIR representan el infarto cerebral como áreas hiperintensas y el líquido cefalorraquídeo como áreas hipointensas, por lo que son útiles para distinguir entre ambos. En la fase hiperaguda (dentro de las 6 horas del inicio), la detección de lesiones en imágenes T1/T2/FLAIR puede ser difícil, y se recomienda el uso combinado de DWI.
En el 67% de los infartos de la arteria de Percheron, se observa un área hiperintensa en forma de V (signo de la V) en la superficie del mesencéfalo en imágenes DWI axiales o FLAIR5).
La TC sin contraste muestra una hiperdensidad lineal en la región de la vena cerebral interna, vena de Galeno y seno recto, con hipodensidad difusa en ambos tálamos (tálamos desaparecidos). La RMV confirma la ausencia de flujo en el sistema venoso profundo 7).
El infarto talámico a menudo resulta de la oclusión de pequeñas arterias perforantes, lo que dificulta su visualización en la TC inicial. Si la TC es negativa pero se sospecha clínicamente un accidente cerebrovascular, agregar una resonancia magnética con difusión (DWI) mejora la sensibilidad diagnóstica 1). Se debe considerar una reevaluación cuando hay discrepancia entre los hallazgos clínicos y de imagen.
La terapia trombolítica está indicada para el infarto talámico isquémico agudo dentro de las 4.5 horas del inicio. En Japón, se administra alteplasa, un activador del plasminógeno tisular recombinante (t-PA), por vía intravenosa a una dosis de 0.6 mg/kg. Si no se logra la recanalización con t-PA intravenoso, se considera el tratamiento endovascular con un dispositivo de recuperación de stent.
Para el infarto de la arteria de Percheron, la trombectomía dentro de las 6 horas del inicio es una opción además de la administración de tPA. En casos con afectación del mesencéfalo, se puede considerar la heparina intravenosa 2).
La aspirina se inicia 72 horas o más después de la terapia trombolítica 1). Dependiendo de la etiología, se puede combinar con clopidogrel 75 mg/día o cambiar a ticagrelor 3)6). El manejo de lípidos con estatinas (p. ej., atorvastatina 80 mg) y la terapia antihipertensiva (objetivo 120/80–140/90 mmHg) también se realizan de forma concomitante 1).
Infarto arterial
Fase aguda: Alteplasa 0.6 mg/kg (dentro de las 4.5 horas)
Fase de mantenimiento: Aspirina + estatina. Selección del antiagregante plaquetario según la etiología
Infarto venoso
Fase aguda: Heparina de bajo peso molecular (enoxaparina)
Fase de mantenimiento: Anticoagulante oral (p. ej., dabigatrán) durante 3–12 meses7)
Si se sospecha VITT, inicie el tratamiento con anticoagulantes distintos de la heparina y administre inmunoglobulina intravenosa en dosis altas (IVIG) 1 g/kg/día durante 2 días6). El recambio plasmático también es una opción.
El tratamiento de la enfermedad subyacente a menudo mejora los trastornos del movimiento ocular. La parálisis de la mirada vertical y la alteración de la conciencia debidas a un infarto talámico paramediano tienden a recuperarse gradualmente después de la fase aguda. Para la desviación oblicua persistente, pueden estar indicados los lentes prismáticos, la inyección de toxina botulínica o la cirugía. Sin embargo, pueden quedar secuelas en pacientes de edad avanzada o con infartos extensos.
El tálamo recibe irrigación sanguínea de varias ramas arteriales.
La arteria de Percheron es una rama perforante única que se origina del segmento P1, suministrando el tálamo paramediano bilateral y parte del mesencéfalo rostral 2)5). Los patrones isquémicos tras su oclusión se clasifican en los siguientes cuatro tipos 5).
Cuando se afecta el mesencéfalo, pueden presentarse hemiplejía, ataxia y trastornos del movimiento ocular.
El centro del movimiento ocular vertical se localiza en el mesencéfalo e involucra los siguientes núcleos y vías.
Una lesión unilateral del riMLF por sí sola no causa parálisis de la mirada hacia arriba (debido a que se preserva la transmisión bilateral a través de la PC). En cambio, se requieren lesiones bilaterales del riMLF para la parálisis bilateral de la mirada hacia abajo.
El 90% de las neuronas del núcleo reticular del tálamo (TRN) son GABAérgicas (inhibitorias) y participan en la regulación del sueño y la compuerta de la transmisión de información talamocortical. Cuando ocurre un infarto del TRN, la muerte neuronal súbita provoca una liberación masiva de GABA, lo que se considera una causa de hipersomnia 8). Estudios en animales han demostrado que la estimulación del TRN por fibras colinérgicas promueve el sueño.
Cuando el retorno venoso se ve afectado por trombosis de las venas cerebrales internas, la vena de Galeno y el seno recto, se produce edema congestivo en ambos tálamos, que puede progresar a infarto 7). A diferencia de la oclusión arterial, en el infarto venoso el edema precede y es más probable que se acompañe de cambios hemorrágicos.
El cuerpo geniculado lateral (LGB) recibe irrigación dual de la arteria coroidea anterior (AchoA) y la arteria coroidea posterior lateral (LPchoA), pero estas no se anastomosan dentro del núcleo. El infarto de la LPchoA daña el hilio del LGB, produciendo una hemianopsia sectorial horizontal homónima, mientras que el infarto distal de la AchoA daña las partes medial y lateral del LGB, causando una hemianopsia sectorial cuadrangular. La oclusión del tronco principal de la arteria cerebral posterior produce hemianopsia homónima combinada con síndrome talámico (alteración sensorial contralateral).
Existen tres barreras principales para el diagnóstico del infarto de la arteria de Percheron5).
Satei et al. (2021) reportaron un caso de infarto de la arteria de Percheron en un hombre de 90 años. La primera y segunda TC fueron normales, y la tercera TC varios días después del ingreso finalmente confirmó el infarto talámico bilateral. El médico tratante inicialmente había considerado la transición a cuidados paliativos 5).
En otro informe de caso, los hallazgos isquémicos se detectaron por primera vez en la TC 24 días después del ingreso, y el paciente falleció poco después 5).
La VITT es una trombosis inmune mediada rara reportada con vacunas de vector adenoviral (AstraZeneca, Janssen), con una incidencia estimada de aproximadamente 1/533,333 en los Estados Unidos 6).
Giovane et al. (2021) informaron sobre un hombre de 62 años que desarrolló un infarto talámico bilateral al día siguiente de la vacunación contra la COVID-19. La ELISA de anticuerpos PF4 fue negativa y concluyeron que se trataba de una coincidencia con múltiples factores de riesgo como hipertensión, diabetes, dislipidemia y enfermedad renal terminal6).
Se ha informado que el sexo femenino y la edad menor de 60 años son factores de riesgo, pero el número de casos es limitado y no es concluyente. Se espera una revisión sistemática.
Kong et al. (2022) informaron sobre una mujer de 68 años que presentó hipersomnia debido a un infarto del TRN. Recibió trombólisis intravenosa con uroquinasa 100 U y fue tratada con dl-NBP más edaravona. La debilidad muscular de la extremidad inferior derecha mejoró, pero la hipersomnia persistió durante 3 días8).
Estudios en animales han demostrado que la estimulación selectiva de las fibras colinérgicas del TRN mediante técnicas optogenéticas prolonga el sueño no REM. También se ha sugerido que la liberación masiva de GABA durante el infarto puede tener efectos neuroprotectores, pero aún no se ha logrado la aplicación clínica8).
Alaithan TM, Almaramhi HM, Felemban AS, et al. Artery of Percheron infarction: a rare but important cause of bilateral thalamic stroke. Cureus. 2023;15(4):e37054.
Shams A, Hussaini SA, Ata F, et al. Bilateral thalamic infarction secondary to thrombosis of artery of Percheron. Cureus. 2021;13(3):e13707.
Shahab M, Ahmed R, Kaur N, et al. Peduncular hallucinosis after a thalamic stroke. BMJ Case Rep. 2021;14:e241652.
Qureshi M, Qureshi M, Gul M, et al. Bilateral thalamic stroke as a cause of decreased responsiveness. Cureus. 2021;13(5):e14935.
Satei AM, Rehman CA, Munshi S. Bilateral thalamic stroke arising from an occlusion of the artery of Percheron: barriers to diagnosis, management, and recovery. Cureus. 2021;13(11):e19783.
Giovane R, Campbell J. Bilateral thalamic stroke: a case of COVID-19 vaccine-induced immune thrombotic thrombocytopenia (VITT) or a coincidence due to underlying risk factors? Cureus. 2021;13(10):e18977.
Sharma S, Dhakal P, Sharma A, et al. Deep venous sinus thrombosis with right thalamic infarction in a young patient after COVID-19 vaccination. Radiol Case Rep. 2022;17(9):3298-3301.
Kong W, Ma L, Yin C, et al. Unilateral thalamic infarction onset with lethargy: a case report and literature review. Medicine. 2022;101(48):e32158.
Sidow NO, Sheikh Hassan M. A case of autophagia with thalamic hemorrhage. Ann Med Surg. 2022;79:104030.
Gurnani B, et al. Nystagmus and abnormal eye movements review. Clin Ophthalmol. 2025;19:1617-1642.