La hipofisitis linfocítica (LH) es una enfermedad inflamatoria autoinmune primaria que afecta la hipófisis y el infundíbulo hipofisario. La infiltración de células B y T, junto con el efecto de masa dentro de la silla turca, provoca una desregulación de la secreción de hormonas hipofisarias.
La incidencia anual es de aproximadamente 1 por cada 7 a 9 millones de personas, y representa alrededor del 0.4% de los casos de cirugía hipofisaria4). Es más frecuente en mujeres, con una proporción mujer:hombre de 2-4:1, aunque en casos confirmados por biopsia se ha reportado una proporción de 8.5:11). La edad media al diagnóstico es de 34.5 años en mujeres y 44.7 años en hombres1). Hay un pico de aparición en el tercer trimestre del embarazo hasta unas semanas después del parto, pero también puede ocurrir en mujeres no embarazadas, mujeres posmenopáusicas, hombres y niños.
En un metanálisis de 492 casos, el 58% presentó cefalea y alteraciones visuales, el 44% insuficiencia hipofisaria (con mayor frecuencia deficiencia de ACTH), el 31% poliuria y polidipsia, y el 18% hiperprolactinemia2).
Q¿Puede ocurrir la hipofisitis linfocítica fuera del embarazo y el posparto?
A
La asociación con el embarazo es fuerte, pero no es una condición obligatoria. Se han reportado casos en mujeres no embarazadas1), mujeres mayores posmenopáusicas3, 5), hombres y niños6, 7, 8). Los antecedentes familiares o personales de enfermedades autoinmunes son factores de riesgo.
Los síntomas de LH surgen de dos mecanismos: la desregulación de la secreción hormonal y el efecto de masa.
Cefalea: el síntoma más frecuente. Predomina la cefalea persistente frontal o temporal2).
Disminución de la agudeza visual: unilateral o bilateral. Puede tener un curso progresivo1, 2).
Anomalías del campo visual: la hemianopsia bitemporal (compresión quiasmática) es típica, pero también pueden ocurrir defectos de campo en la unión o hemianopsia homónima.
Diplopía: Debida a parálisis de nervios craneales por extensión lateral al seno cavernoso.
Ptosis palpebral: Signo de parálisis del nervio motor ocular común (III par craneal).
Watanabe et al. (2024) reportaron un caso de un paciente con LH recurrente que presentó dolor ocular derecho y parálisis del nervio motor ocular común (ptosis, limitación de la aducción, limitación de los movimientos verticales y pérdida del reflejo pupilar a la luz)3). La resonancia magnética/angiorresonancia mostró un tumor hipofisario que se extendía al seno cavernoso, con estenosis severa de la arteria carótida interna (ACI) derecha. El dolor ocular y la parálisis del nervio motor ocular común mejoraron drásticamente con metilprednisolona intravenosa (IVMP), pero la estenosis de la ACI persistió debido a fibrosis irreversible. Esta fue la primera comunicación de la combinación de parálisis del nervio motor ocular común y estenosis de la ACI.
Q¿Con qué frecuencia ocurre la discapacidad visual?
A
Entre el 15 y el 52% de los pacientes con hipofisitis primaria presentan alteraciones visuales. En un metanálisis de 492 casos, se observó cefalea y alteraciones visuales en el 58%2). Esto es más frecuente en la LAH (adenohipofisitis) que en la LINH o la panhipofisitis. Se ha reportado disminución de la agudeza visual en el 16% y defectos del campo visual en el 34%.
La etiología de la LH no se ha dilucidado por completo, pero se apoya ampliamente un mecanismo autoinmunitario.
Embarazo: el factor de riesgo más importante. Alcanza su punto máximo en el tercer trimestre del embarazo. Se cree que la hipertrofia hipofisaria y los cambios inmunológicos durante el embarazo están involucrados.
Antecedentes personales o familiares de enfermedades autoinmunes: aproximadamente el 20% de los pacientes con LH presentan otras enfermedades autoinmunes concomitantes5). La enfermedad tiroidea es la más frecuente.
Marcadores HLA: se encontraron marcadores HLA-DQ8 en el 87% y HLA-DR53 en el 80% de los casos confirmados por biopsia.
Infección por COVID-19: se han reportado casos de LH desencadenada por mecanismos inmunomediados tras la infección4).
Sexo: las mujeres tienen de 2 a 4 veces más probabilidades de padecerla que los hombres.
La hipofisitis secundaria se desarrolla en el contexto de enfermedades subyacentes como hemocromatosis, tuberculosis, sífilis, sarcoidosis, entre otras. La hipofisitis inducida por fármacos, especialmente por inhibidores de puntos de control inmunitario, también ha aumentado en los últimos años.
El diagnóstico definitivo de LH se realiza mediante biopsia hipofisaria obtenida por abordaje transesfenoidal. Histológicamente se observa infiltración de linfocitos, células plasmáticas y macrófagos, y ocasionalmente formación de centros germinales 1). Se confirma la positividad del antígeno leucocitario común (LCA) 1). Si no se realiza biopsia, el diagnóstico se basa en la exclusión.
La resonancia magnética es el método de diagnóstico por imagen principal.
Hallazgos típicos: aumento difuso de la hipófisis, realce homogéneo con contraste, engrosamiento del infundíbulo4)
Desaparición de la señal hiperintensa del lóbulo posterior: en las imágenes potenciadas en T1, la señal hiperintensa normal del lóbulo posterior desaparece2, 6, 7, 8)
Dificultad en el diagnóstico diferencial: en ocasiones puede ser difícil diferenciarlo de un adenoma hipofisario en las imágenes2)
En los últimos años, se ha destacado como biomarcador sérico para la hipofisitis linfocítica infundibuloneurohipofisaria (LINH).
Sensibilidad: LINH 100%, LPH 80%6)
Especificidad: 97.4%6)
La capacidad de diagnosticar de forma no invasiva evitando la biopsia tiene gran importancia clínica, especialmente en pacientes pediátricos6, 7, 8)
Q¿Se puede diagnosticar la hipofisitis linfocítica sin realizar una biopsia?
A
La evaluación integral de los hallazgos clínicos y de imagen mediante el sistema de puntuación de Gutenberg2) y la medición de anticuerpos anti-rabifilina 3A (sensibilidad 100% y especificidad 97.4% para LINH)6) están haciendo posible un diagnóstico no invasivo. Sin embargo, la biopsia es indispensable cuando es necesario descartar enfermedades neoplásicas.
En un metanálisis de 17 estudios, el 36% recibió tratamiento con esteroides y el 34% se sometió a cirugía2). El manejo no quirúrgico es la primera opción recomendada.
Terapia con glucocorticoides: se utiliza para controlar la inflamación en la fase aguda. La pulsoterapia intravenosa con metilprednisolona (IVMP 500-1000 mg/día × 3 días) es eficaz en las exacerbaciones agudas3, 4). Posteriormente, se pasa a prednisona oral (comenzando con 50 mg/día y reduciendo gradualmente)2).
Terapia de reemplazo hormonal: se requiere manejo a largo plazo para la insuficiencia hipofisaria.
Insuficiencia suprarrenal: hidrocortisona (100 mg IV cada 8 horas en situaciones de estrés)5)
Inmunosupresores: cuando los efectos secundarios de los esteroides (hiperglucemia, hiperlipidemia, etc.) son problemáticos, se añade azatioprina (50 mg/día)3). El metotrexato también es una opción.
La cirugía transesfenoidal (TSS) se asocia con mayor frecuencia de insuficiencia hipofisaria secundaria en comparación con el tratamiento conservador, y su efecto en la mejoría de la regresión de la enfermedad es limitado, por lo que está indicada solo en los siguientes casos:
Cefalea intensa o parálisis de nervios craneales que no responden al tratamiento farmacológico
Casos en los que es difícil diferenciar de un tumor y se requiere confirmación histológica
La TSS es útil tanto para la descompresión de la silla turca como para el diagnóstico histológico, pero no se espera una mejora significativa de los trastornos endocrinos.
Q¿La terapia con esteroides mejora los trastornos visuales?
A
En la fase aguda, la IVMP puede ser efectiva para la discapacidad visual. Según el informe de Watanabe et al., la IVMP a 1000 mg/día durante 3 días mejoró drásticamente la parálisis del nervio oculomotor y el dolor ocular3). Por otro lado, la neuropatía óptica debida a compresión prolongada o fibrosis puede volverse irreversible, por lo que es importante una intervención temprana.
6. Fisiopatología y mecanismo detallado de la enfermedad
La fisiopatología del LH progresa de la siguiente manera.
Inflamación aguda por mecanismo autoinmune: los linfocitos, principalmente células T, infiltran la hipófisis, causando un agrandamiento difuso de la glándula.
Efecto de masa: la hipófisis agrandada comprime el quiasma óptico, el seno cavernoso y las estructuras circundantes de la silla turca, provocando signos neurooftalmológicos.
Alteración de la secreción hormonal: la destrucción de las células secretoras por la inflamación conduce a hipopituitarismo. Los déficits hormonales específicos se corresponden con el área afectada.
Fibrosis en fase crónica: como resultado de la inflamación persistente, el parénquima hipofisario es reemplazado por tejido fibroso, lo que lleva a un déficit hormonal irreversible.
Se han reportado los siguientes anticuerpos no específicos contra antígenos hipofisarios.
IgG4: El modelo de hipofisitis relacionada con IgG4 contribuye a la comprensión de la patología.
Anti-Pit-1, PGSF1a·PGSF2, TPIT, α-enolasa
La evaluación no invasiva de la inflamación hipofisaria mediante FDG-PET ha logrado identificar la enfermedad relacionada con IgG4, y se aplica para dilucidar la importancia clínica de los marcadores HLA (como DQ8). En pacientes con LH primaria, DQ8 está significativamente elevado, y se espera su aplicación futura en el cribado.
Watanabe et al. (2024) reportaron un caso en el que una masa inflamatoria de LH se extendió al seno cavernoso, causando una estenosis severa de la ICA derecha3). La masa se redujo con IVMP, pero la estenosis de la ICA persistió debido a fibrosis irreversible. Se han reportado dos casos de infarto cerebral debido a estenosis de la ICA por LH, uno de los cuales requirió cirugía de bypass por oclusión bilateral de la ICA. Se sugiere un mecanismo por el cual la inflamación crónica causa fibrosis y estenosis de la pared vascular.
7. Investigaciones recientes y perspectivas futuras (informes en fase de investigación)
El anticuerpo anti-rabfilina 3A (RPH3A) está siendo estudiado como un biomarcador sérico de alta sensibilidad y especificidad para LINH.
Sujeto
Sensibilidad
Especificidad
LINH
100%
97.4%
LPH
80%
97.4%
Yamamoto et al. (2025) confirmaron la positividad de anticuerpos anti-rabifilina-3A en un niño de 4 años y diagnosticaron LINH sin realizar biopsia6). Con tratamiento conservador únicamente con desmopresina, el engrosamiento del tallo hipofisario en la RMN desapareció después de 5 meses. Este fue el caso más joven con anticuerpos anti-rabifilina-3A positivos.
Shoji et al. (2025) detectaron anticuerpos anti-rabifilina-3A positivos en un niño de 8 años solo 3 meses después del inicio de la diabetes insípida central7). Demostraron su potencial como marcador de diagnóstico temprano. No se administraron esteroides y la RMN a los 9 meses mostró reducción del agrandamiento del tallo hipofisario.
Kume et al. (2021) confirmaron anticuerpos anti-rabifilina-3A positivos en un niño de 10 años, 9 años después del inicio de la diabetes insípida central, y diagnosticaron retrospectivamente LINH8). Fue tratado con prednisolona a 1 mg/kg/día, con un protocolo de reducción gradual de 0.25 mg/kg cada 2 semanas. En Japón, se han reportado acumulativamente 35 casos de LH pediátrica, con una edad media de 7.2 años, 57.5% varones y 76% con deficiencia de GH.
Hipofisitis linfocítica después de la infección por COVID-19
Joshi et al. (2022) reportaron el caso de una mujer de 18 años que presentó cefalea pulsátil frontal aguda 3 semanas después de una infección por COVID-194). La resonancia magnética mostró engrosamiento difuso del infundíbulo (4 mm) con realce homogéneo, pero todos los ejes hormonales eran normales. La cefalea mejoró notablemente con metilprednisolona 250 mg IV cada 6 horas durante 3 días, y la lesión desapareció por completo en la resonancia magnética del día 5. Como primer informe de hipofisitis linfocítica post-COVID-19, se sugiere la participación de un mecanismo inmunomediado postinfeccioso.
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Shen K, Cadang C, Phillips D, Babu V. Unique case of lymphocytic hypophysitis with normal pituitary hormone serology mimicking a non-functioning pituitary adenoma. BMC Endocr Disord. 2024;24(1):20.
Watanabe Y, Maruoka H, Yokote H, Uchihara T, Toru S. Recurrent lymphocytic hypophysitis presenting as internal carotid artery stenosis and oculomotor nerve palsy. Intern Med. 2024;63(11):1623-1625.
Joshi M, Gunawardena S, Goenka A, Ey E, Kumar G. Post COVID-19 lymphocytic hypophysitis: a rare presentation. Child Neurol Open. 2022;9:2329048X221103051.
Thomas J, Jain A, Chong H. Lymphocytic hypophysitis in a patient with suspected syndrome of inappropriate antidiuretic hormone secretion (SIADH). Cureus. 2022;14(10):e30178.
Yamamoto A, Komatsu N, Iwata N, Fujisawa H, Suzuki A, Sugimura Y. A 4-year-old boy positive for anti-rabphilin-3A antibody and diagnosed with lymphocytic infundibuloneurohypophysitis. JCEM Case Rep. 2025;3(1):luae214.
Shoji Y, Naruse Y, Iwata N, Fujisawa H, Suzuki A, Sugimura Y, Mori M, Hiramoto R. Diagnosis of lymphocytic infundibuloneurohypophysitis after positive anti-rabphilin-3A antibody test in an 8-year-old boy with early-onset central diabetes insipidus. J Clin Res Pediatr Endocrinol. 2025;17(3):332-336.
Kume Y, Sakuma H, Sekine H, Sumikoshi M, Sugimura Y, Hosoya M. Lymphocytic infundibuloneurohypophysitis with positive anti-rabphilin-3A antibodies nine years post-onset of central diabetes insipidus. Clin Pediatr Endocrinol. 2021;30(1):65-69.
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